Habiendo pasado ya por la increible región de Capadocia, tocaba seguir esta vez ya en
dirección norte, hacia la costa del Mar Negro. De las primeras paradas que
hice, fue en Sorgun, donde contacté previamente con Mustafa, un profesor de
inglés de una escuela primaria, quien me propuso visitar su escuela y a sus
alumnos para compartir mi viaje con ellos y responder sus preguntas.
Siempre en compañia mientras reparaba mi bicicleta
Arreglando un pinchazo, antes de llegar a Sorgun
El día que llegué a Sorgun, 22 de
Noviembre, coincidía con mi cumpleaños. No fue de los días más placenteros
sobre la bicicleta, ya que temprano en la mañana me tocó lluvia durante un buen
rato, y por la tarde un pinchazo. Pero estaba de buen humor, asique no fue tan
grave. Por la tarde llegué a casa de Mustafa en Sorgun, y fuimos invitados a
cenar a casa de su amigo Bekir. Lo que nunca hubiese imaginado, es que Bekir
también cumplía años ese mismo día. Pasamos una noche bárbara, compartiendo con
varios de sus amigos. Me voy de a poco dando cuenta que esto es lo lindo de esta clase de viaje, donde la mayoría del tiempo la imprevisión es la que manda, y sólo hay que dejarse sorprender por lo que el destino me tiene preparado. Mi primer cumpleaños muy lejos de mi familia y amigos, pero compartiendo el cumpleaños con Bekir y rodeado de muy buena gente. ¿Qué más pedir?
Compartiendo el cumpleaños con Bekir
Junto a Mustafa, en mi cumpleaños en Sorgun
El día siguiente tocaba ir a
visitar la escuela primaria donde Mustafa y Bekir trabajan. Ellos me
presentaron con todos los profesores así como con hasta cuatro cursos
diferentes, donde les conté brevemente sobre mi viaje, ayudado por un video y
fotografías. Fue muy divertido responder a sus preguntas, y compartir
nuevamente con alumnos en un país tan distinto como es Turquía, y también
comprender cuantas similitudes hay entre sus escuelas y las nuestras en
Argentina. Un ejemplo es que absolutamente todos los alumnos estaban muy
contentos de recibirme en su aula, probablemente porque yo era el motivo para
dejar por un momento sus ejercicios y estudios.
Junto al profe Mustafa y sus alumnos.
Compartiendo experiencias con los alumnos de Sorgun
Exponiendo algunas fotos y videos del viaje
En Turquía siempre me fue muy
fácil encontrar gente que me recibiera en su ciudad. Mediante Couchsurfing o
Warmshower, sólo bastaba escribir un par de mensajes, y casi siempre la
respuesta era positiva y tenía las puertas abiertas y una nueva oportunidad de
compartir con una familia local.
La siguiente parada programada
era en Tokat, a unos 170 km de distancia. Por lo que solo una parada
intermedia, acampando detrás de una estación de servicio al costado de la ruta,
fue suficiente para llegar el 25 de noviembre a Tokat.
Camino a Tokat, la ruta se disfruta muchisimo.
Allí me recibió Mahmut, un
conocido cirujano de la ciudad, quien para mi fortuna, tiene muchos amigos
allí. Uno de ellos, propietario de un hotel, donde me invitaron a quedarme por
dos noches. ¡No podía sentirme más satisfecho! También fue muy lindo compartir
con Mahmut, y escuchar sus historias trabajando en muchas oportunidades como
voluntario en África, alguien muy inspirador.
Feliz en mi habitación de Hotel en Tokat.
Compartiendo una comida con mi anfitrión Mahmut.
En Tokat, compartiendo con Mahmut y amigos.
Tokat es muy famosa por sus
históricos HAMAM (Baño Turco). Mahmut me invitó a compartir unas horas en uno
de ellos. Y la verdad que es toda una experiencia alucinante y bien auténtica,
una especie de gran sauna, mucha agua caliente, y masajes.
Famoso Hamam (Baño Turco),en Tokat.
Escena clásica en las mezquitas, el lavado antes de la oración. Tokat.
También en el hotel tenía el
desayuno incluido. Y el desayuno en Turquía es una comida muy especial y
variada. Desde tomates, pepinos, aceitunas, huevos, quesos, miel, varias
mermeladas, y mucho té. Lógicamente salí de Tokat con la panza llena, y super
relajado luego del Baño Turco.
Otros 170 Km me separaban de Unye,
mi primer destino en la costa del mar negro, donde llegué tras dos días de
pedaleo desde Tokat, descendiendo unos 1500 mts en tan solo 50 Km. Pura bajada
entre una ruta preciosa, pero que la lluvia y el agua en la ruta no me permitió
disfrutar como hubiese deseado.
Recien llegado a Unye.
Listo para acampar en Unye.
En fin, que encontré un camping en Unye donde descansar. Estaba contento ya que lo que me esperaba serían unos 430 Km totalmente planos hasta el borde con Georgia. Aunque los días lluviosos y fríos ya habían llegado, y eso complicaba un poco mis planes. Siempre continué intentando contactar gente en las ciudades que pudiese recibirme (Vía Couchsurfing o Warmshower, dos aplicaciones para viajeros que permiten encontrar acomodación e intercambiar experiencias con gente local), y evitar así acampar, ya que ni mi equipo de camping, mi ropa ni yo estamos preparados para el frio.
Acampando en Unye, en la costa del Mar Negro.
Suerte es que en Turquía fue muy
fácil encontrar gente que me recibiera en su casa, y me brindara todo lo que
necesitaba con una generosidad tremenda. También la ayuda estuvo varias veces
presente en estaciones de servicio, donde fui varias veces invitado a almorzar, cenar, o
a dormir en habitaciones destinadas a la oración (muy usuales en casi todas las
estaciones de servicio).
Habitación para la oración, mi lugar para dormir una noche.
Playeros de estaciones de servicio como Suleyman, un maestro.
El siguiente día pedalee unos 90
km hasta Ordu, en otro día de lluvia. Pasado por agua llegué al Restaurante de
Erim, en el centro de la ciudad. Lo primero que hice fue cambiarme de ropa,
secarme cuanto antes y comer algo junto a Erim. Él también contactó con su
amigo Ozgur, para poder alojarme en su casa, y además lavar y secar toda mi
ropa. La mañana siguiente salí de Ordu con las pilas recargadas, contento de
conocer buena gente que me ayudó muchísimo, habiendo comido muy bien y mi ropa
limpia y seca. Además ya no llovía más, ideal para pedalear. Mi panorama mejoraba muchisimo en menos de 24 horas.
Con Erim, en su restaurante en Ordu.
Un banquete en Ordu.
A los 50 Km, y siendo aún temprano,
paré en Giresun. Sabía que el padre de Yazgi (a quién conocí en el tambo cerca
de Estambul) tenía un negocio de comida allí, por lo que pasé por un momento con intencion de conocer y
saludar.
Estacionado frente al negocio de Mustafa Patar, Giresun.
Lo que pasó luego ya no me
sorprende. Mustafa me ofreció quedarme en su ciudad esa noche, invitandomé a hospedarme en un hotel céntrico de los más lujosos donde he estado nunca, y además propuso a uno
de sus empleados, Ustun, llevarme a cenar. Me sentía el tipo más afortunado del
mundo.
Mi humilde habitación en Giresun.
Junto a Ustun y Mustafa, frente a su negocio.
Con el equipo de trabajo de Mustafa.
Al día siguiente llovió todo el
día, y Mustafa no dudó en insistir en que me quede en el hotel una noche más,
hasta que la lluvia cesara. Y por si fuera poco, indicó a otro de sus empleados
a llevarme con su vehiculo hacia Kumbet, un pequeño pueblo en la montaña, donde
ya no llovía, sino que estaba nevando allí arriba. Antes de mi viaje, había
recibido muchos comentarios acerca de la gran hospitalidad del pueblo turco,
pero no esperaba que fuese tanto. No tengo palabras para agradecer tantas
muestras de cariño y apoyo en mi viaje.
Entre la nieve, contento de no estar con mi bici aquí.
Compartiendo un exquisito almuerzo, en Kumbet.
Rebaño de ovejas en la ruta, en Kumbet.
Los últimos 270 Km en Turquía
fueron rápidos, siguiendo a lo largo de la costa, en una ruta plana, y bastante
segura, con una muy generosa banquina donde podía ir muy tranquilo. Con el frío
de esos días, decidí no acampar más, y siempre encontré gente que pudiera
recibirme en su casa, como fue el caso de Nurullah en Vakfikebir, Nuri en Trabzon,
o Mustafa en Rize. Vuelvo con ellos a confirmar que en ésta clase de viaje y es éste país siempre se encuentra a alguien que te de una mano y haga el viaje mucho más facil.
Con Nurullah, un grande que me recibió en Vakfikebir.
Junto a Nuri, en el centro de Trabzon.
Nuri, me recibió como a un hijo en su casa en Trabzon.
Camino a Rize, las mezquitas incluso al costado de la ruta.
Junto a Mustafa, en su bar en Rize.
La última parada fue especial.
Antes de llegar a Arhavi, (un pueblo muy cercano a la frontera con Georgia), me
recibió Murat. Él tiene una pequeña casa de madera a la orilla del mar, con lo
básico para subsistir allí. El día que llegué a su casa había llovido y estaba
muy frio, claro. Asique llegar y refugiarme al calor de su cocina de leña fue
como una bendición, una satisfacción enorme.
Cocinando Hamsi, pescado clásico del Mar Negro, en casa de Murat.
La vista del Mar Negro, desde casa de Murat.
Murat no tuvo drama en que me
quedara en su casa unos días más, ya que no paraba de llover. Llovió durante
tres días seguidos, y no quedaba otra que esperar. Al menos el lugar estaba
bueno para descansar, aunque al tercer día ya la ansiedad de volver a pedalear
era muy grande.
Ultima mañana en Turquia, despidiendome de Murat.
Finalmente el domingo 9 de diciembre salió el sol, tocó
despedirse de Murat, y pedalear los 40 Km que me separaban de la frontera con
Georgia. También despedirme de Turquía, un país donde disfruté muchísimo de
todo lo que tiene para ofrecer. La gran hospitalidad de su gente, su exquisita
comida, la particular experiencia de convivir en un país musulmán, sus paisajes
increíbles, sus rutas totalmente seguras.
En fin, Turquía fue una experiencia
fabulosa, y espero volver en otro viaje a seguir explorando este país y
conociendo más a su gente.
Video con imágenes del viaje desde el comienzo hasta Turquia:
Regresé a Estambul el día 6 de
noviembre, ya con muchas ganas de seguir pedaleando, y sólo me bastó un día
para dejar todo en condiciones para la salida. La idea era cruzar Turquía de
oeste a este, en dirección a Georgia, pero desviándome hacia el centro del país
y pasando por Capadocia.
En Estambul, todo listo para seguir pedaleando
La mañana siguiente salí temprano
de casa de mi anfitrión Ercan, en dirección a la estación de ferrys, donde
tomaría un barco hacia Yalova, una pequeña ciudad en la costa opuesta del Mar
Mármara, con la idea de evitar nuevamente todo el tránsito y caos de Estambul.
Desde Yalova comencé a recorrer la ruta que va hacia el interior, alejándome de
la costa y comenzando a escalar las primeras montañas, con mucha alegría y
agradecido de poder estar otra vez en la ruta con mu bicicleta después de más
de un mes de descanso.
Primer dia de pedaleo, entre campos de olivos en Iznik
Una de las primeras paradas del
viaje fue en Bilecik, una de las ciudades que antiguamente fue Capital del
Imperio Otomano. Allí fui recibido por Hakan, quién me invitó a una deliciosa
cena en el restaurante de un amigo y me ofreció un sitio donde dormir. Él
lidera un grupo de ciclistas en la cuidad, y se encarga de promover el uso de
la bicicleta en Bilecik y la zona.
Me propuso la idea de visitar en la mañana
siguiente, una clase de inglés en una escuela secundaria, y por supuesto que
acepté la invitación. Allí fuimos por la mañana, y compartimos con los chicos
algunas historias sobre la ruta de mi viaje, también sobre Argentina, y diferencias
y similitudes que veía respecto a Turquía. Siendo que esta fue mi primera vez
hablando para un grupo de personas sobre mi viaje, y además en inglés, será de
seguro un grato recuerdo. Momentos en que sentía estar aprendiendo muy
rápidamente: mejorando mi inglés, mi oratoria, aprendiendo su cultura, y en qué
piensan los jóvenes en un país tan distinto como es Turquía.
Junto a Hakan y los alumnos en Bilecik
Las próximas paradas serían en
Eskisehir y Sivrihisar. En la primera, me recibió una familia que contacté en
Couchsurfing. Erol y su esposa me brindaron todo lo que necesité, una cena
exquisita, una ducha y un lugar en su casa a reparo del frio que se hacía
presente cada vez con más insistencia, especialmente a las noches. Al siguiente
destino, Sivrihisar, llegué luego de pedalear 113 Km, exhausto y prácticamente
sin parar durante todo el día.
Esa noche jugarían Boca vs River por la Copa
Libertadores, y decidí hospedarme en un hotel y asegurarme tener buen wifi para
ver el partido. El caso que se suspendió por lluvia, pero yo sin lamentos ya
que descansé como un rey y pude continuar bien entero mi camino hacia la
capital, Ankara.
Llegando a Ankara, capital del país.
Allí hice un buen amigo como
Cafer. Cada día que pasa confirmo más aquello de que la hospitalidad musulmana
es asombrosa. Nos contactamos mediante Instagram, y sin apenas conocernos me lo
brindó todo, cenamos juntos y hasta preparó junto a su hermano un postre turco
muy popular y delicioso, Kunefe. No podría estar más a gusto y satisfecho.
En Ankara pude visitar uno de los
sitios más representativos para los turcos actualmente, Anitkabir. Es un
mausoleo construido en la década del 40, donde hoy día descansan los restos de
Mustafa Ataturk, considerado por todos como un héroe nacional, fundador en 1923
y primer presidente de la actual República de Turquía. Es realmente llamativo
el honor que todos le rinden, y lo presente que está en la sociedad.
Anitkabir, mausoleo de Mustafa K. Ataturk
Mezquita "Kocatepe Camii", la más grande de la ciudad
Los días de frio eran ya una
constante, y debía apurarme. Sólo un día de descanso en Ankara, y continué
hacia uno de los lugares que más esperaba conocer, Capadocia. Una pequeña
región en el centro del país, con una formación geológica única en el mundo, y que
también cuenta con un patrimonio histórico y cultural muy singular.
Acampando, camino a Capadocia
Allí contacté a Cetin, quien vive
en Uchisar, uno de los pueblos más conocidos en la región. Tiene allí una
cueva, que puso a mi disposición, lo que haría mucho más auténtica mi
experiencia en Capadocia. Todo mejora aún más, cuando al día siguiente (luego
de recorrer con mi bici otros pueblos como Urgup o Goreme), me encuentro allí
con Facundo, otro argentino que también está viajando solo en bicicleta por
esta zona. Para mi sorpresa, él es de General Pico (La Pampa), por lo que la
alegría es doble. Compartimos dos días recorriendo la zona, hablamos muchísimo
y con mucha satisfacción de compartir con un pampeano un par de días.
Junto a Facu, Cetin y Gabi, en Uchisar (Capadocia)
Para nuestra última noche en
Capadocia decidimos acampar, a pesar del frio, con la esperanza de ver los
globos aerostáticos volar en el próximo amanecer. Como acampamos de noche,
recién en la mañana nos dimos cuenta de la suerte que tuvimos, ya que el lugar
de acampada estaba rodeado por globos aerostáticos volando a nuestro alrededor.
Estaban literalmente sobre nuestras cabezas. Otra de las grandes memorias de mi
viaje, una postal que queda grabada para siempre, un paisaje que parece de otro
mundo.
Rose Valley, el mejor lugar para acampar en Capadocia y ver los globos volar
Algunas fotos más de esta parte de mi recorrido desde Estambul a Capadocia:
Puerto de ferrys de Yalova.
El otoño presente en Turquia.
Primera acampada, en Iznik.
Una construcción abandonada también sirvió para acampar dentro
Anitkabir, en Ankara
Cenando junto a Cafer, mi anfitrión en Ankara
Kocatepe Camii, en Ankara
Kocatepe Camii, en Ankara
Acampando al reparo de un rancho, lejos dela ruta.