Además de la inmensa hospitalidad
del pueblo iraní, que posiblemente sea lo que más destaque de mi viaje a éste país,
también tuve oportunidad de visitar algunos sitios turísticos marcados, que en
principio uno no puede dejar de visitar si viaja a Iran. De todas maneras,
siendo un país tan extenso, no todo es desierto, y hay mucha variedad de sitios
a explorar (montañas, volcanes, lagos, islas, cuevas, mezquitas, ciudades
antiguas, desiertos, etc).
Primeros km en Iran, con vistas a las montañas Armenias.
Un paisaje verde que no pensaba encontrar acá.
Pedalee los primeros días por unas
montañas muy verdes con mucha vegetación, e impresionado ya que no esperaba ver
esos paisajes en Iran. Después de pasar por Tabriz, una gran ciudad en el
noroeste, me dirigí a Kandovan, denominada la “Capadocia Iraní”, una ciudad
excavada en la montaña, con gran similitud a las ubicadas en el centro de
Turquía. Pude dar un paseo caminando entre sus pasillos y escaleras, donde la
gente aún sigue viviendo en esas casas.
Camino a Kandovan.
Kandovan, antigua ciudad de cuevas, aún habitada.
La siguiente parada fue unos días después, y 600 km más adelante, para visitar una cueva acuática, la más extensa del mundo de
este tipo, según me contaron. La cueva de Ali Sadr, en la provincia de Hamedán.
Fue realmente extraordinario. Ya había visitado otra cueva así en Grecia, pero
esta fue diferente, más espectacular aún. El agua totalmente cristalina allí abajo,
y toda la formación rocosa de la cueva, con una gran variedad de minerales,
figuras y colores, me impresionó mucho. Además, se recorría la cueva en unos
botes propulsados a pedal, y tuve oportunidad de pedalear también ahí.
Definitivamente uno de los lugares más lindos e impensados donde he pedaleado.
Camino a Isfahan, una de las
ciudades más turísticas de Iran, pasé por Hamedán, una importante ciudad del
oeste del país, con grandes mercados y bazares, y famosa por su mausoleo de
Avicena, médico y filósofo persa del Siglo X, considerado uno de los médicos más
famosos e influyentes de todos los tiempos.
En Isfahan tuve oportunidad de
visitar su Plaza Naqsh-e Jahan, sin dudas el punto más turístico de la ciudad.
Un gran espacio abierto con mucho verde, mercados de artesanías, alfombras persas,
cerámicas, etc. Pero sobre todo acompañada por dos increíbles mezquitas a sus
costados, la Mezquita del Imán, y la Mezquita del Jeque Lotf Allah. Con una
arquitectura y unos diseños increibles, su decoración con cerámicos en sus
fachadas son dignas de admiración, y fue un placer solamente sentarme frente a
ellas y observar por varios minutos. También el atardecer desde el Puente Si-o-se Pol,
del Siglo XV, donde mucha gente se acercaba al atardecer para refrescarse en el
río.
Las panaderias siempre muy activas en todo el país.
Plaza central de Hamedán
Mucho ajedrez y backgamon en los parques. Aunque sólo los hombres jugaban.
En Khorramabad, camino a Isfahan
Mezquita del Imán, en Isfahan.
Isfahan
Plaza Naqsh-e Jahan, Isfahan.
Siguiendo un poco la ruta
turística de lo que uno no debe perderse en Iran, visité sin la bicicleta,
rumbo norte, las ciudades de Kashan y la capital, Teherán. Vale decir que también
moverse en colectivo en Iran fue extremadamente barato y sencillo.
Kashan fue también una sorpresa,
una ciudad muy distinta a todo lo que había visto antes. La parte antigua de la
ciudad, en su mayoría casas de adobe, entre calles o pasillos estrechos. Por
supuesto había algunas mezquitas a visitar, pero lo mejor fue su bazar cubierto,
también de adobe, con unas formas muy particulares. Pagando una pequeña suma,
pude subir al techo del bazar, y observar la ciudad desde arriba. Los relatos
históricos cuentan que desde allí, Kashan, fue el punto de partida de los reyes
magos, camino a Belén. También, hubo estudios arqueológicos que revelaron que
esa fue una de las primeras civilizaciones de la Prehistoria, hace algo más de
7000 años.
Cúpula del antiguo bazar de Kashan.
Bazar en Kashan.
Siempre fue facil y económico viajar en colectivo en Iran.
En Teherán, algo interesante que
pude visitar fue el edificio de la ex embajada de EE.UU., que hoy día funciona
como un museo. Esta embajada fue tomada en su día por unos 500 estudiantes iraníes en
1979, un hecho sin precedentes, y dió comienzo a las conflictivas relaciones
entre ambos países, y que hoy siguen más vigentes que nunca. Al parecer, la embajada
era el centro de espionaje más grande de EE.UU. en Medio Oriente. Antes de que
los estudiantes entraran, los funcionarios americanos intentaron destruir toda
cuanta evidencia pudiesen, pero no hubo tiempo suficiente. Más de 50
funcionarios y diplomáticos fueron secuestrados allí por 444 días. Fue este un
paso más para instalar la República Islámica de Iran, como se la conoce hoy en
día, y romper definitivamente relaciones con Norteamérica.
Antigua Embajada de EEUU en Teheran
Elementos de espionaje usados hasta 1979 por los americanos.
Pedaleando desde Isfahan a
Shiraz, de camino me desvié a conocer Persépolis, la antigua capital del
Imperio Persa, actualmente en ruinas, pero muy bien conservadas. Curiosamente,
pude acampar muy cerca de las ruinas, a escasos 200 mts de las mismas.
Pude saber que comenzó a
construirse en el Siglo VI a.C., y que alrededor del 331 a.C. Alejandro
Magno se encargó de quemarla y destruirla, y conquistar el Imperio. Las Ruinas
conservan muchas esculturas y escrituras sobre la piedra, y muestran los vestigios de la que fuera el principal centro administrativo y político Persa.
Camino a Shiraz.
Ruinas de Persepolis, antigua capital del Imperio Persa.
Ya en Shiraz, fui recibido por
Homayoon y su familia, quienes se encargaron de que viera todo lo que ésta
ciudad tiene para ofrecer al turista. Visitas a las mezquitas más grandes e
importantes de la ciudad, el gran bazar lleno de tiendas de lo más variadas, y
unos parques bellísimos para caminar y relajarse.
Una de las visitas fuera de la
ciudad fue a Pasargad, tumba de Ciro “El Grande”, fundador del Imperio Persa.
Una tumba que la verdad no era tan impresionante, pero que noté que para ellos
representaba mucho.
Mezquita Rosa, una de las más lindas e importantes de Shiraz.
Mi último destino a visitar en
Iran fue Yazd, donde volví a reencontrarme con Amir, un ciclista local a quien
había conocido unas semanas antes en la ruta. Yazd, una ciudad en medio del
desierto, con unas mezquitas y cúpulas llamativas de azulejos azules o turquesas,
muy bonitas. También había allí uno de los pocos templos de fuego zoroastrianos
activos en el país, la primera religión monoteísta de la historia, fundada por
un iraní, Zoroastro.
Recorriendo durante casi 2 meses éste país, pareció para mí uno de los destinos ideales para viajar, y especialmente en bicicleta, por varios factores.
Primero, la gran amabilidad de su gente, siempre dispuesta a dar una mano -especialmente al verte pedaleando y cansado-, y demostrando que es un país muy seguro para viajar,
Segundo, la gran facilidad para acampar en sus parques públicos, siempre con baños y agua disponbles, siempre y cuando no me invitara alguien a ir a su casa,
Tercero, por lo económico que fue moverse y comer. La gran devaluación del Rial Iraní en los últimos años volvió todo extremadamente barato para los extrajeros, tanto comida, transporte, y en menor medida la hostelería,
Cuarto, por la riquísima cultura iraní, totalmente diverso a lo que uno conoce. Otras comidas, tradiciones, religiones. Además de su historia tan abundante, con monumentos, mezquitas o ciudades antiguas por visitar,
Y quinto, por toda su naturaleza. Tiene tantísimo por visitar, desde playas en el Mar Caspio, o al sur en el Golfo Pérsico, islas, montañas, volcanes en el norte, desiertos, muchísimo para ver y explorar, pero que se necesitaría más tiempo para verlo todo.
En fin, que me llevo de Iran unos recuerdos hermosos, especialmente de toda la gente que me crucé y con quienes compartí. Es un destino sin dudas altamente recomendable a visitar, totalmente seguro, y donde su gente todo el tiempo muestra su aprecio por verte ahí en su país.
Llegar a Iran fue una gran
alegría para mí, un país y una cultura totalmente desconocida. Si algo
había escuchado sobre Iran anteriormente, era sobre la enorme hospitalidad de
su gente, cada persona que había estado allí antes me comentaba lo mismo, por
lo tanto mis expectativas eran altas, sobre lo que esperaba encontrarme, y la
verdad es que no defraudó, de hecho superó mis expectativas, y en casi dos
meses en el país, perdí la cuenta de cuantas veces me han invitado a casas a
comer, o a dormir, o incluso a echar una siesta al mediodía, cuando el sol
apretaba más. Además de haberme sentido muy seguro en todo momento, casi como
en ningún otro país.
Primeros km en Iran, entre montañas y el Rio Aras
Las primeras horas luego de
cruzar la frontera fueron ya bastante intensas. Pedalee junto al Río Aras (que separa
Iran de Armenia y Azerbaiyán), y luego de cruzar un par de pueblos, encontré un
lugar muy bueno para acampar con unas vistas hermosas, y creía que ahí podría
pasar la primera noche. ¡Pero NO! A poco de haber cenado y armado la carpa,
justo cuando estaba haciéndose de noche, dos militares en moto vinieron a
pedirme que me fuera de ahí, que no era seguro y que volviera al pueblo
anterior. Siempre siendo amables, y con un inglés muy cortado, sólo podían
decir “danger, danger”, y yo sin saber nada de farsi, intuí que lo mejor era
hacerles caso, juntar todo rápido y volver al pueblo unos 5km, antes que se
hiciera más oscuro todavía. Pedaleé de noche hasta Siyahrud, donde no había
ningún hotel, pero el dueño de un restaurante me dio una mano, llamó a un amigo
para llevarme hasta una mezquita y dejarme dormir ahí. Y todo esto en las
primeras 5 horas en Iran.
Aparente primer sitio de acampe en Iran, que no fue.
Primera noche, durmiendo en una mezquita.
Los primeros días fueron útiles
para ir acostumbrándome a la cultura y las formas de vivir de la gente. Y entré
en una época especial del año. Era ya la segunda semana de Ramadán, el mes de
ayuno de los musulmanes, por lo tanto –entre otras cosas- no se puede beber ni
comer en espacios públicos durante el día (sí después del atardecer, y antes de
que amanezca). Y fue obviamente muy extraño y curioso a la vez vivir esto. De
todas maneras, uno como no musulmán, no tiene obligación de cumplirlo, pero es
una transgresión no bien vista ir comiendo por la calle con naturalidad cuando
todos los demás deben ayunar. Por lo que evitaba hacerlo en las ciudades, aunque en la ruta la
regla para mí cambiaba, allí nadie veía cuando tomaba agua o comía.
Acampar en los parques públicos fue siempre la mejor opción.
Clásica comida Iraní, arroz y pollo siempre presente.
Con el paso de los días, hablando
con la gente, fui descubriendo que no todos son musulmanes en Iran, de hecho
hay una gran cantidad de gente que no lo es, y por lo tanto tampoco ayunan
durante Ramadán. Por lo tanto se las ingenian para comer a escondidas, dentro de su
casa, evitando que alguien más los vea, de lo contrario las consecuencias
podrían ser graves.
En uno de los primeros
restaurantes en que paré a comer junto a la ruta, las vidrieras estaban totalmente
cubiertas con diarios para que no se viera a la gente comiendo. Estaba vacío,
pero mientras comía, otras personas entraron a almorzar, escondidos por los
diarios del local. Uno de ellos, que hablaba algo de inglés, se mostró muy
curioso por mí y mi viaje en bicicleta, y propuso insistente pagar por mi
comida, por lo que acepté, agradecí su gesto y seguí camino.
Restaurante cubierto con diarios, durante Ramadán.
Al llegar a Marand, pregunté a
unas personas dónde podría acampar esa noche, y me dijeron “ahí mismo, en ese
parque de ahí”. Era un gran parque público, con baños y negocios alrededor, y
gente caminando y jugando. Siempre he buscado lugares más alejados para
acampar, donde nadie me viera, por precaución sobre todo. Pero ese día creí que
acampar en el parque sería buena idea, dar un voto de confianza al menos por
una vez y acampar en un lugar público.
Mientras se acercaba el atardecer, y más
gente se acercaba al parque con sus canastos de comida para hacer sus picnic y
comer en familia, yo fui armando la carpa y preparando mis cosas para dormir.
Vi que nadie venía a decirme nada, por lo que entendí que era cierto, podía
acampar en los parques con total tranquilidad y seguridad. De ahí en más acampé
en 12 parques más durante mi ruta. En su mayoría parques en muy buen estado,
con personal cuidando de su mantenimiento, con baños y negocios alrededor, a
veces también mezquitas cerca. Eran siempre mi parada favorita para acampar, y facilitaba
mucho las cosas poder parar en los parques, cuando no tenía idea clara de donde
iba a pasar la noche.
Esta escena se repitió mucho, gente ofreciendo una ayuda, comida, agua. Desinteresadamente.
Facil hacer amigos en este pais.
Desayunando con una familia de campo.
Nunca en estas acampadas vino
alguien a decir algo inconveniente, como que allí no era posible acampar y que
me fuera. Por lo contrario, casi siempre se acercaba alguien a preguntarme si
necesitaba algo, alcanzarme comida o agua, o incluso a invitarme a su casa a comer
y dormir. Alguna vez he rechazado alguna de esas invitaciones a dormir más de
10 veces a la misma persona, muy agradecido pero prefería acampar para comenzar
temprano al día siguiente. Pero otras veces, aceptar a esas invitaciones fue
muy gratificante, por poder compartir con familias locales su forma de vida,
tan diferente a lo que uno conoce.
En una oportunidad, me crucé con
4 hombres en moto, ya de tardecita, y yo estaba ya a punto de acampar. Me invitaron
a su casa, e insistieron tanto que no hubo forma de decirles que no. Me
escoltaron con las motos más de 7 km hasta la casa, y todo ese tiempo fui con
un poco de temor. Ellos sabían que yo estaba solo, la casa estaba en medio del
campo, y si querían robarme, podían hacerlo muy fácilmente. Iba con bastante
desconfianza, pero al llegar a la casa me tranquilicé inmediatamente. Vi chicos
corriendo en el patio, y algunas mujeres por ahí caminando, eso me dió alivio. Ellos
tenían las mejores intenciones, y mientras les mostraba fotos y mapas de mi
viaje, era el centro de atención de las más de 10 personas y chicos que me
rodeaban. Me dieron comida y dormí ahí mismo, hasta incluso me dejaron sólo en
la casa durante unas horas, en que todos se fueron al pueblo, no podía creerlo.
Esa amabilidad y confianza de la
gente, la había recibido antes, pero no tan a menudo como en Iran. Casi siempre
noté esa hospitalidad de forma muy genuina, contentos de ver a uno como extranjero
en su país, ya que saben de la mala prensa y los prejuicios que tenemossobre ellos los que nunca fuimos antes. Por
lo que agradecen que el turista vaya y descubra por sí mismo que la prensa
muchas veces está equivocada, o no cuenta la historia completa de lo que su
gente piensa o hace.
Muchos otros encuentros en la
ruta fueron muy bonitos, como cuando me encontré con Amir, otro ciclista local,
cerca de Hamedán. Pedaleamos juntos unos km, y quedamos en contacto mediante
instagram (si, ya que Facebook está bloqueado en Iran, todo el mundo usa instagram). Volvimos a encontrarnos unas semanas más adelante en Yazd,
una ciudad muy turística en el centro del país, y compartimos unos días muy
lindos, me invitó a conocer el desierto, y hasta me ayudó a hacer un service a
mi bicicleta, que por entonces lo necesitaba y mucho.
Reencuentro con Amir, en Yazd.
Encuentro en la ruta con Homayoon, aficionado a Piazzola y Borges.
En otra oportunidad, en un
descanso en una estación de servicio, me encontré a Homayoon, que viajaba en su
país pero en moto. Cuando le dije que era de Argentina, me respondió: “Oh,
Argentina, Piazolla, Borges”. Un grande, el primero del viaje que no alude solamente
a Messi, o Maradona. Él vivía en Shiraz, ciudad a la que me dirigía, por lo que
me invitó a quedarme en su casa cuando estuviese allí. Unas semanas más tarde
llegué a Shiraz, y me abrió las puertas de su casa como si de un viejo amigo se
tratara. Con toda amabilidad, insistió en que durmiera en su cama, que el
dormiría en el living, así no me despertaba temprano cuando él iba a trabajar.
Además me presentó a toda su familia, con quienes compartí unos días maravillosos,
no sólo invitándome a comer en sus casas, y haciéndome conocer varios sitios de
Shiraz, sino hasta llevándome en auto más de 80 km hasta Pasargad, la tumba de
Ciro “El Grande”, el orgullo de muchos iraníes, quien fuera fundador del Imperio
Persa.
En Pasargad, tumba de Ciro "El Grande"
En otra oportunidad, un mediodía mientras
descansaba en un edificio junto a la ruta, un hombre salió de dentro y me
invitó a pasar, a tomar un té y a comer. Farjad era enfermero de ruta y hacía las guardias en ese edificio. También me ofreció
una ducha, y hasta dormir una siesta. Yo quería seguir, pero en ese momento comenzó a llover muy
fuerte por unas horas, asique fue exactamente lo que necesitaba, antes de
seguir cuando la lluvia había pasado. Esta clase de encuentros me llenaban de alegría,
parecía que alguien puso a esa persona allí para brindarme lo que necesitaba, en
el momento preciso.
Esa era la tónica mientras
pedaleaba en Iran, lo imprevisible era la regla, no hacía muchos planes sobre
donde dormir cada noche, ya que al comenzar el día, era siempre una incógnita
saber con quién me iba a encontrar, donde almorzaría, cenaría o dormiría esa noche.
Farjad y la bicicleta, después de haber compartido un buen momento.
Muchas invitaciones a tomar el té, una de sus bebidas más preferidas.
Este hombre me hizo seguirlo hasta la casa para alimentarme.
Mas invitaciones a comer y descansar en sus casas.
Con algún político, en Khorramabad.
Compartiendo una tarde de picnic con una familia numerosa.
Sin dudas que todos los
comentarios positivos que recibí sobre Iran previamente, fueron superados por
la experiencia que pasé allí. Parece extraño la forma en que tanta gente abre
sus puertas y le brinda a uno todo lo que pueden, sin conocerte de nada. Por
supuesto que me encantaría volver muchas veces más, pero es un país bastante
lejano y no sé si podré hacerlo nuevamente. Pero me pone contento haber tenido
la oportunidad de visitarlo al menos una vez, y hecho varios amigos allí.
Farshad me vió en la ruta, y me invitó a compartir en su casa.
Junto a Farshad, un gran amigo, conociendo su pueblo.
Con Amin, en Dorud. No me dejó acampar en el parque y me llevó a su casa.
Con Mehr, que hablaba buen inglés, después de almorzar en su restaurante.