En el mismo día que recomencé mí
viaje (3-Mayo-2019) desde Tbilisi, Georgia, crucé la frontera hacia Armenia. Un
país que sería duro para pedalear, ya que es pura montaña, pero a la vez con buena gente, muy lindos paisajes y mucha naturaleza alrededor.
Llegado a la frontera de Armenia
Como entré al país pasado el
mediodía, a los pocos km de la frontera busqué un lugar a cubierto donde
acampar, y encontré un edificio junto a la ruta que fue excelente refugio ya
que esa noche comenzó a llover bastante, pero yo ya estaba bajo techo. Y siguió lloviendo al día siguiente, y como yo no tenía apuro, me quedé en ese edificio por
un día más. Y fue una sensación extraña, ya que después de varios meses
viajando y en el hostel, pasé un día completo sin ver ni hablar con nadie.
Primeras dos noches de acampe acá dentro, junto a la ruta.
Pero al siguiente día, finalmente
volví a la ruta, con un cielo despejado. Ya entre las primeras montañas del
país, el paisaje muy verde y varios pueblos pequeños que fui cruzando, hacían
que las subidas no fueran tan agresivas. También comencé a ver junto a la ruta
los primeros Monasterios e Iglesias que abundan por toda Armenia, de una
arquitectura única y muy llamativa. Es que la religión del país es el
Cristianismo Ortodoxo, con la particularidad que el Reino de Armenia fue el
primero en la historia en adoptar el Cristianismo como religión oficial, allá
por el Siglo III.
Pasando por las ciudades de
Ijevan y Dilijan, mi ruta me llevaba hacia el sur, al Lago Sevan, uno de los
lagos de alta montaña más grandes del mundo, ubicado a 1930 msnm. El hecho
de que Armenia no tenga salida al mar, hace que este lago sea muy especial para
los armenios, y se encuentra protegido dentro de un gran Parque Nacional, además de su destino veraniego favorito.
Llegando al Lago Sevan.
Poblados muy humildes en el interior del pais.
Mi alegría ese día era muy
grande, había alcanzado el lago después de muchas subidas, nunca
había estado tan alto hasta ese momento en todo mi viaje. Y quería encontrar para esa
noche un lindo lugar de acampe de frente al lago, y conseguí un sitio inmejorable.
Fue frente a un gran complejo hotelero totalmente abandonado, que en su tiempo
imagino habrá sido muy popular y lujoso, donde pude acampar tranquilamente, con todo
el lago de frente y rodeado de montañas, lejos de la ruta, en mucha calma.
Armenia ya me estaba gustando mucho.
El día siguiente seguí pedaleando
con rumbo sur, por una ruta más plana, pero con bastante más
tráfico, por lo que tomé un atajo, por rutas menos transitadas pero en peor estado y sin tener muy
claro por donde estaba yendo.
En un momento me perdí, y terminé pedaleando
junto a un pequeño cementerio, donde dos hombres estaban cavando una fosa, para
algún familiar, supuse. Me invitaron a comer con ellos, me convidaron unos
vasos de vodka y además al irme, llenaron mi alforja con lavash (pan armenio),
caramelos, y hasta una botella entera de vodka. Muy agradecido por todo por su ayuda, me
despedí y seguí camino.
Unos km más adelante otro hombre
que vendía pescados junto a la ruta también me invitó a su casa a comer algo,
pero sobre todo a tomar vodka. Acepté un shot, pero rechacé los demás, ya estaba sintiendo
el efecto y aunque ayudaba a sacarme el frio, lo mejor era agradecer y
marcharme rápido de ahí. Luego fui reconociendo que el alcohol es un hábito muy
adherido en la cultura de estos países, ex soviéticos sobre todo, y debería
tener cuidado con tantas invitaciones que podría terminar mal.
Para seguir hacia el Sur, tenía que continuar subiendo hasta los 2400 msnm., y otra vez superar la marca del punto
más alto del viaje. No fue tan duro como pensaba, y por fortuna tenía el cielo
despejado otra vez. Llegar arriba ya bastante cansado fue muy gratificante,
especialmente por las vistas que tenía, con mucha nieve todo alrededor y un
poco de frio también, pero muy contento y satisfecho.
Paso Selim
Justo después de la cima, visité el Caravasar de Orbelian, del año 1.332, sorprendentemente muy bien conservado, que
servía en su tiempo de asilo a los comerciantes que recorrían la famosa ruta de la seda en
la Edad Media. Luego bajar el puerto fue la mejor parte, más de 30km de pura bajada
hasta los 1100 msnm, ya no hacía nada de frio. Ya abajo, me alojé en el Crossway
Camping, cercano a Yeghegnadzor.
Ya que Armenia está llena de Monasterios por visitar, pues entonces visité algunos de los más reconocidos. A unos 20 km del camping estaba Noravank, considerado uno de los Monasterios más lindos del país (aunque no el más grande, ni más famoso). Su arquitectura impresiona, el detalle en las piedras de las figuras talladas a mano, y lo bien conservados que se encuentras es motivo de sorpresa.
Caravasar de Orbeliam en el Paso Selim
Monasterio de Noravank
El siguiente Monasterio a visitar
sería Tatev, éste si uno de los más grandes, reconocido y apuntado por todos
los que visitan Armenia. La subida hasta allí fue también muy dura, unos últimos 5km de
puro zig-zag que me llevó una hora hacer, pero que valió mucho la pena. Las
vistas del Monasterio fueron alucinantes, además que no habían muchos turistas y buen clima, por lo tanto lo disfruté más aún. Y ese día acampé detrás de un restaurante cercano al Monasterio, donde me recibió Gago, su dueño, y que la mañana siguiente me invitó a desayunar con él. Un
grande, como toda la gente que me fui cruzando en el camino.
Camino a Tatev
Monasterio de Tatev
Siempre me sentí
muy a gusto, los armenios me parecieron gente muy amable, servicial y alegre, a
pesar de ser un pueblo muy pobre y golpeado por el ex régimen soviético, y
antes por un gran genocidio por parte de sus vecinos, los turcos (entre 1915 y
1923, el segundo genocidio más estudiado en la historia, después del Holocausto).
De hecho, pude saber que la armenia, es una de las diásporas más grandes del
mundo. De un total de 12 millones de armenios, sólo 3 millones viven en su
país. Los demás habitan en Rusia, EEUU, e incluso Argentina, entre otros.
Monasterio de Tatev
Junto a Gago y su esposa
Las vistas desde el restaurante de Gago, en Tatev
Ya pasado Tatev, quedaba poco por
recorrer antes de llegar al extremo sur del país y cruzar a Iran. Pero antes
había otro puerto de montaña por cruzar, el Meghri, un paso de 2535 msnm, y otra vez
volvía a superar la marca de altitud en el viaje. Fue igual de duro como satisfactorio,
comenzar con calor, y poco a poco a medida que avanzaba, ir viendo como las
montañas cubiertas de nieve estaban cada vez más cerca era motivación
suficiente.
Arriba, unos minutos para
disfrutar de las vistas, tomar unas fotos en el cartel del Puerto, y a bajar rápidamente,
cubrir los últimos 50 km que me separaban de la frontera con Irán, con mucha
ansiedad por descubrir ese nuevo y desconocido país para mí, y feliz de haber
atravesado Armenia, donde en 12 días, me pasé subiendo y bajando en la montaña,
entre paisajes y gente maravillosas.
Paso Meghri
A pocos km de cruzar a Iran
Definitivamente el Cáucaso (tanto
Armenia como Georgia) fueron destinos donde nunca hubiera pensado ir, qe no tenía idea de qué podría haber allí, pero que
tienen muchísimo para descubrir y explorar. Deseo volver algún día.
El 9 de diciembre finalmente
crucé la frontera, dejé atrás Turquía, e ingresé a Georgia, un país muy
diferente, y el contraste se vió apenas llegar. La gente lucía diferente, la ruta
en bastante peor estado que en Turquía, y por supuesto el alfabeto e idioma también diferentes.
Pedaleé unos 30 km hasta la
primera ciudad que visité, Batumi. Un destino turístico de playa, en la costa
del Mar Negro, pero que en Diciembre estaba muy vacío de turistas. Me acomodé en
un hostel barato cercano al centro, y fui a reencontrarme con Facundo, el
pampeano a quién conocí en Capadocia (Turquía) unas semanas antes. Fue lindo
verlo nuevamente, y además compartir en un bar la Final de River – Boca con otro argentino fue fabuloso y como sentirnos un poco en casa.
Primeras horas en Georgia
En Batumi, Georgia
Con Facu, viendo el River Boca en un bar.
Pasé un par de días de descanso
en Batumi, recorriendo el centro y la zona del puerto siempre concurrida por
muchos pescadores. Mi próximo destino sería la Capital, Tbilisi. La lluvia y el
frio me desanimaban a seguir pedaleando los 300 km que me faltaban, asique un
tren fue la mejor opción para llegar a Tbilisi.
Puerto de Batumi
Allí en la capital ya había contactado con un
hostel, donde planeaba quedarme a trabajar como voluntario durante algunos
meses, con idea de pasar el invierno quieto, sin gastar mucho dinero, y además tener tiempo para
acondicionar la bicicleta, obtener mi Visa de Irán, planear mi ruta para los
próximos meses, etc.
Y la experiencia en el hostel no
pudo ser mejor. Todos los días tenía la posibilidad de conocer y convivir con
gente de muchas partes del mundo, siempre con charlas muy interesantes y
divertidas. Las semanas en el hostel se pasaban muy rápido, me lo pasé muy bien, además las tareas
eran muy sencillas, como la limpieza del edificio, o estar en la recepción, y lo mejor es que estaba
en pleno centro y tenía tiempo libre para salir a recorrer la ciudad.
En Tbilisi pasé las fiestas, entre amigos, rodeado de buena gente del hostel. Y fue muy extraño, ya que la navidad y el año nuevo en Georgia se celebran el 7 y 14 de enero, respectivamente (al ser un país de religión Cristiana Ortodoxa). Por lo que hubo doble festejo en cada una de ellas, claro.
En año nuevo con Mark, dueño del hostel
Ya que mi bicicleta seguía
estacionada, y el frío estaba cada vez más fuerte, recorrí algunos destinos del
país en marshutkas, una especie de colectivos chiquitos que viajaban a todas
partes del país, por precios muy económicos, aunque en general bastante
incómodo y apretado, pero que al final siempre era la mejor y más auténtica
opción. Teniendo mi base en Tbilisi, fue bastante simple y barato moverme por
el interior del país, en mis días libres del hostel.
Imágenes de Tbilisi
Las marshutkas, el mejor medio para viajar en Georgia
Entre algunos destinos, pude
conocer Gori, famosa por ser la ciudad natal de Iósif Stalin -político y
dictador Soviético- o Uplistsikhe, una antigua ciudad de cuevas excavadas en la
montaña, con formas muy particulares, que datan de la Edad de Hierro y Edad
Media.
Catedral en Mtskheta, antigua capital Georgiana
Museo de Stalin, en Gori
Viejo vagon usado por Stalin en la URSS
Uplistsikhe
Otra ciudad excavada en la montaña fue Vardzia, incluso más grande y
bonita que la anterior, con incluso grandes iglesias dentro de las cuevas, muy
impresionante de ver. Otra buena escapada fue a Sachkhere, con dos amigos,
Irakli y Mark, parando en casa de los abuelos de Irakli, fue muy lindo
compartir con ellos, ver realmente como vive la gente en el interior, la vida
rural del país.
Castillo de Ajaltsije, en el sur de Georgia
Cuevas en Vardzia
Deliciosa comida Georgiana
Junto a Mark, Irakli y sus abuelos
Khinkalis, el más famoso plato en Georgia
Fui descubriendo que Georgia era
un país muy interesante para explorar, lleno de historia, buena gente, y comida
exquisita. Además del excelente vino que producen, de gran calidad. Es que se
cree que en Georgia fue el primer lugar del mundo donde se produjo el vino,
hace alrededor de 8000 años atrás.
Asímismo, fue una sorpresa muy
linda encontrar en Tbilisi a un montón de otros cicloviajeros, cerca de 30 en
total. Tuvimos un encuentro todos juntos que fue genial para compartir experiencias e información
muy útil. Es que nos encontramos en Georgia a mitad de camino entre Asia y
Europa. La mitad venían desde Asia, la otra mitad veníamos desde Europa, por lo
que tanta información fresca y consejos de primera mano fueron la mejor fuente
para planificar y decidir los destinos futuros del viaje.
Encuentro de cicloviajeros en Tbilisi
De esta forma, las semanas y los
meses se fueron pasando bastante rápido, siempre ocupado con mis tareas en el
hostel, y haciendo amigos también. Fue muy enriquecedor para mí poder trabajar
junto a tanta gente de tan diversos sitios, otros voluntarios de Australia,
USA, Francia, México, Hungria, Turquía, Irlanda, etc. Saber sus ideas y hábitos
a la hora de trabajar y vivir también, fue algo de lo que fui aprendiendo y
copiando. Me llevé de ahí muchas amistades y excelente personas que pude conocer. Fue
también ideal para tomar un respiro con la bicicleta y recomenzar ya pasado el invierno con las pilas bien cargadas para seguir pedaleando.
Siempre buen ambiente en el hostel
Con buenos compañeros de trabajo, y mejores amigos aún
Los últimos días en Georgia, me
enfoqué en dejar la bicicleta en condiciones, cambié la cubierta trasera, la
limpié y aceité para que el reinició fuera sin problemas. Mi plan inicial era
comenzar a pedalear en Marzo, pero se extendió hasta inicios de Mayo.
Finalmente
el 3 de Mayo, ya de mangas cortas, sin frío, me despedí del hostel y de su
gente, fue como irme de casa nuevamente, tomé mucho cariño por esa ciudad, el hostel y los amigos que hice allí. Retomé entonces la ruta rumbo Sur a la frontera con Armenia, que me distaba unos 75 Km. Fue una pedaleada muy especial y que disfruté mucho, ya extrañaba volver a estar sobre la bici y en movimiento.
Despidiendome de Mark y de su hostel
Curioso cartel junto a la ruta
Ultimos km en Georgia, camino a Armenia
Sin dudas que Georgia fue una
gran sorpresa para mí en este viaje. Un país del que no sabía absolutamente
nada antes de comenzar, y que fui descubriendo allí, in situ. Con mucho por
explorar, no es tan grande en territorio, pero tiene mucho por ofrecer al
turista.